El mundo empresarial y deportivo de México se viste de luto tras confirmarse el fallecimiento de Alejandro Burillo Azcárraga, figura central en la modernización del entretenimiento y el deporte en el país. El empresario, quien luchó durante meses contra complicaciones derivadas del cáncer de piel, dejó un vacío irreparable en las industrias que ayudó a forjar con una visión que siempre buscó poner el nombre de México en el mapa internacional.
Fundador del Grupo Pegaso, Burillo no solo fue un heredero de la tradición mediática de su familia, sino un estratega que supo diversificar sus intereses hacia las telecomunicaciones y la infraestructura deportiva. Su salida de Grupo Televisa a principios de los años 2000 marcó el inicio de una etapa de independencia donde demostró que su capacidad de gestión iba más allá de la pantalla chica, consolidándose como un actor clave en la economía nacional.
En el ámbito futbolístico, su legado es tangible y perdurable. Fue el principal arquitecto detrás de la creación del Centro de Alto Rendimiento (CAR), dotando a la Selección Mexicana de instalaciones de primer nivel que transformaron la preparación de los combinados nacionales. Además, su gestión al frente del Atlante y su paso por la directiva del América y Necaxa lo posicionaron como un hombre que entendía la pasión del balón desde la estructura operativa.
Más allá de las canchas de fútbol, Burillo Azcárraga fue el gran impulsor del tenis en México. Bajo su cobijo, el Abierto Mexicano de Tenis se mudó a Acapulco y se transformó en uno de los eventos más prestigiosos de la ATP en América Latina. Su compromiso con el puerto de Guerrero fue inquebrantable, manteniendo el torneo incluso en los momentos más difíciles de la región, convencido de que el deporte era una herramienta de reconstrucción social.
Su partida genera una ola de reacciones entre líderes empresariales, políticos y atletas que tuvieron la oportunidad de colaborar con él. Se le recuerda como un hombre de trato directo, apasionado por la innovación y con un profundo sentido de lealtad hacia sus colaboradores. Su influencia en el desarrollo de la telefonía móvil y su participación en diversos proyectos tecnológicos subrayan una curiosidad intelectual que nunca se detuvo.
Los servicios funerarios se llevaron a cabo en un ambiente de respeto y privacidad en el complejo Gayosso Lomas Memorial, donde familiares y amigos cercanos se dieron cita para rendirle un último homenaje. Entre coronas de flores y anécdotas de su paso por los despachos y los estadios, la comunidad empresarial coincidió en que su ausencia marca el fin de una era para el empresariado mexicano con enfoque social y deportivo.
Alejandro Burillo Azcárraga deja un legado que trasciende los números y las empresas; deja instituciones sólidas y un camino trazado para las nuevas generaciones de promotores deportivos. Su nombre queda grabado en la historia contemporánea de México como el hombre que se atrevió a soñar con un deporte profesionalizado y una industria del entretenimiento capaz de competir globalmente, siempre con el espíritu «Pegaso» de volar alto.